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niños con armas

 

Armas y chicos no pueden mezclarse. No deberían. Pero en la Argentina de la química adulterada puede pasar cualquier cosa. También ésta. 

Luca tiene 13 años y usó una pistola de su papá para matar a uno de los ladrones que se habían metido en su casa, golpeaban a su mamá y le apuntaban a la cabeza a su hermano menor en Francisco Alvarez, partido de Moreno, donde hasta ayer le costaba volver.

Luca conocía el arma y sabía dónde estaba, porque su padre se la había mostrado y le había explicado nociones básicas de seguridad. Cuando disparó, lo hizo como si estuviera frente a un videojuego. Tiró dos veces. Una de las balas ingresó por la axila de uno de los asaltantes, que murió casi en el acto. El papá de Luca ya anunció que pondría la casa en venta. No es Luca el único que no quiere volver allí.

Ocho meses antes, en Mendoza, un chico de 15 años tuvo idéntica reacción: buscó un arma de su papá para dispararles a los asaltantes que se habían metido en su casa de Las Heras. También disparó dos veces. Mató a un ladrón e hirió al otro.

Al día siguiente del episodio de Luca, un nene de 11 años manipulaba el arma que habían comprado en su casa, en Misiones, y mató a su hermana mayor. Hace tres meses había ocurrido exactamente lo mismo con dos hermanitos en Casilda, Santa Fe.

Hay un efecto derrame con las armas y los chicos. Mientras crece el uso de armas y de casos de justicia por mano propia o de legítima defensa entre los adultos, ya hay episodios más frecuentes de ese tipo entre los chicos. Era difícil creer que esto no fuera a ocurrir tarde o temprano.

En la otra vereda sucede lo mismo. Los robos a mano armada no retroceden entre los adultos -al menos la mitad de los presos vuelve a delinquir cuando sale de la cárcel- y suman cada vez a más chicos ladrones. El mes pasado detuvieron en Caballito a dos asaltantes de 12 y 14 años que acababan de robar un auto. Los descubrieron porque el coche avanzaba con dificultad por la avenida Honorio Pueyrredón. Los jóvenes ladrones no sabían manejar, pero manipulaban con naturalidad una pistola 9 milímetros.

Entre las víctimas es igual. Los casos de chicos baleados en tiroteos callejeros o en asaltos a sus casas suben al mismo ritmo que los hechos.

De esto también hablamos cuando hablamos de inseguridad: chicos nacidos después del 2000 que todavía no hicieron un castillo de arena pero ya usaron armas para asaltar, ya mataron o ya murieron a balazo limpio.

“Mi hijo pasó de tener 13 años a tener 40”, contó el papá de Luca el sábado a la noche, en la mesa de Mirtha Legrand, mientras cruzaba duro al ex gobernador Scioli, sentado enfrente. El ex funcionario trataba de explicar soluciones a la inseguridad que el gobierno que él integró durante 12 años jamás consiguió.

A la edad en que las armas son controles de videojuegos o pistolas de plástico con sombreros de cowboy y estrellitas de sheriff que aún sobreviven en las jugueterías de pueblo, la inseguridad derrama hacia el mundo infantil y adolescente pistolas reales, portando muertes reales. Con chicos de un lado y del otro: empuñándolas o parados frente al cañón.

Es una cara distinta, feroz, más cruel, más insensata y despiadada, de la tragedia de la inseguridad diaria.

 

 

 

 

hector gambini

POR: Héctor Gambini

FUENTE: http://www.clarin.com/opinion/Chicos-armados-derrame-inseguridad_0_1678632121.html